El número 3 del mundo da un contragolpe demoledor a la velocidad del ruso para recibirse en las ATP Nitto Finals de Turín con el título y la doble maestría.  

Llegar al podio con mayor madurez se explica desde el desarrollo de una buena mentalidad para afrontar los momentos cumbre en los duelos más importantes, y eso es muy valioso porque no te permite acumular estrés ni ponerte demasiado tenso, sino simplemente jugar como dios te trajo al mundo. Lo de Alexander Zverev es para poner en las escuelas. Crack de ficción.  

La mística de un top tanto en primeras fases como en escenarios del tamaño de El Coliseo Romano integró un abanico de matices que suelen tener los mejores: control, raseo, presión alta e iniciativa desde el túnel, previo a la arena artística. Rasgos comunes que se reparten como flyers en la Capilla Sixtina del tenis. Mr. Alexander Zverev y Hugo Gravil (fisio), demostraron ser líderes de vestuario. Manejando el clima cuando todo parecía roto. Impusieron el respeto del jugador al cuerpo técnico como soliloquio y santo grial. Un sentimiento que otorgó libertad, confianza y al mejor Zverev para que lograra lo que parecía imposible: sacarse la malaria (prensa) y salir campeón. Porque en el deporte no hay respuestas incorrectas, no hay blancos o negros, hay miles tonalidades de grises.

‘El Principito’ dosificó y neutralizó los escorzos de un Medvedev imperial en 2021. Intercambiando peloteos a su merced y cerrando con winners de drive y revés desde la línea de fondo para asestar un 6-4 y 6-4 en el tablero electrónico. La pizarra del underdog. Que sin quitar el más mínimo mérito al desempeño de Daniil – encadenaba un invicto de 9 triunfos en fila hasta la final-, no se mostró tremendamente serio, concentrado y con máxima determinación en el apartado físico.  

Alexander Zverev y Daniil Medvedev reconocen el inicio de una nueva era en la red.

Normalizar la excelencia o, más bien, coquetear cada fin de semana con ella, porque el techo del alemán, por el momento, se desconoce. Y eso siempre es una bati señal. La repercusión de lo que es y el factor sorpresa de lo que puede llegar a ser. El Zverev que muchas veces se perdía en el vértigo ahora juega a la play en modo leyenda, evolución cognitiva en evidencia.

Escoltando junto al cyborg a la nueva guardia compuesta por Matteo Berretini, Andrey Rublev, Jannik Sinner, Felix Auger-Aliassime, Carlos Alcaraz y su eclosión; acaparando todos los focos, miradas -muchas, desde el fair play– y halagos, sobre todo por parte de los viejos monarcas: Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. Y es sagrado para encontrar el credo cuando se cumple.  

Creo que hay muy pocos jugadores dotados en la élite con estilos de juego y demandas técnicas y conceptuales, a nivel Masters 1000 y Grand Slam, tan sobresalientes como los de Sasha. La analogía que hay entre ambos eventos es sideral. El cambio de chip es feroz.

Madrid, Tokio, Cincinnati, Turín = show, lujo, masterpiece. Un golden boy de colección para La Trinchera. A tan solo dos meses del Australian Open, con los días y partidos contados, el tipo que terminaría siendo el sol para Ícaro (Nole), se sigue debatiendo a sí mismo, se sigue descubriendo.

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