Fin de un inolvidable Roland Garros para Diego Schwartzman y el tenis argentino.


Desde que Diego Schwartzman había podido superar esa barrera llamada Rafael Nadal en el pasado Masters 1000 de Roma, su semblante ya tomaba otro color, otra dimensión en su tenis ya sólido y consolidado como uno de los mejores y más regulares del circuito.

El partido ante el Rey de Roland Garros, ante un Nadal que irá en busca de su 13° (sí, TRE-CE) trofeo en París, deja una imagen de un merecimiento un tanto excesivo para el español y una mueca de bronca por no poder a un Peque entero físicamente luego de su batalla ante Dominic Thiem, pero con el espíritu combativo del cual ya se caracteriza y que le permitió pelear hasta el final el tercer set.

Las otras murallas que pudo saltar Diego en este Abierto de Francia histórico para el tenis argentino, hicieron referencia a las estadísticas y su historial de carrera. La tan esperada entrada al TOP 10 del ranking, posicionándose en el N°8 del ranking a partir de este lunes, y el arribo por primera vez a las semifinales de un Grand Slam, le dan una nueva visión de juego, sobre su futuro, y un semblante renovado con el cual deberá afrontar las nuevas “obligaciones” que tendrá como uno de los 10 mejores jugadores del mundo.

Con la bronca aún a flor de piel, Schwartzman tendrá tiempo para pensar y nuevamente rumbear hacia otro torneo, hacia otra meta, otros objetivos, por supuesto cada vez más grandes y ambiciosos, y pensando en cómo representar con creces su nuevo lugar en la elite del tenis.

Foto: Roland Garros

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