Cuando derrotó a Sampras en Wimbledon se hablaba del nuevo príncipe.

Cuando ganó su primer Grand Slam, algunos lo bautizaron “El Heredero”.

Cuando ganó su Grand Slam número 15, la mayoría de los especialistas de tenis coincidía en que se trataba del mejor jugador de todos los tiempos.

Cuando llegó a las 302 semanas como número uno del mundo fue declarado Leyenda y el mejor jugador de la historia por la mayoría de sus colegas.

Entre 2013 y 2016 su obra no fue interrumpida, simplemente estaba buscando un poco de oxígeno, cintura y motivación.

Cuando en las conferencias le preguntaban acerca de la merma en su rendimiento siempre fue determinante en su respuesta: “Todavía tengo ganas de seguir jugando”.

Los arrebatos de Rafa, Nole, Andy y ese pequeño puñado de valientes se transformaron en energía para seguir puliendo lo que ya estaba demasiado bien.

A partir de hoy, domingo 16 de Julio de 2017, tras consagrarse en la catedral por octava vez en su carrera y levantar su trofeo de Grand Slam número Diecinueve, pueden volver a decirle “Gracias”.

Gracias por no bajar los brazos, por no hacerle caso a los miedos que se manifiestan a través de las declaraciones de los demás.

Gracias por seguir jugando siempre con la misma pasión sin importar el número que figuraba a tu izquierda.

Gracias por tener la humildad de volver a entrenar y de volver a arriesgarlo todo una y otra vez.

Debemos agradecer, vos, yo y cada uno de ustedes.

De ahora en más. Cada vez que alguien les pregunte acerca de Roger Federer, serán ustedes y sólo ustedes los encargados de explicar lo que experimentaron a través de vivencias directas o indirectas, qué es lo que él significó, significa y significará para el tenis.

En cierta forma el tenis es parte de él, el tenis es parte de ustedes. Ustedes son parte de él y él es parte de ustedes.

Las coincidencias no son casualidades y a nosotros nos tocó compartir este camino en el tiempo junto a él.

Se que cuando amigos, hijos, nietos, extraños, les pregunten acerca de Roger Federer, no van a titubear. Van a tener una catarata de imágenes y de sensaciones, de risas, llantos, saltos, golpes, alegrías, aplausos, magia, pero podrán transmitirlo de una manera muy sencilla.
No saquen la mirada de sus ojos y levanten el dedo índice de la mano derecha.
Será suficiente.

Foto: Roger Federer en Wimbledon – Getty Images