Había una vez…

Así comenzaría la historia de Roger Federer en el Australian Open 2017.

Todo arrancó con el sorteo. Un cuadro duro desde la tercera ronda, especialmente cuando uno acaba de volver luego de seis meses fuera de las canchas. Sin embargo, poquito a poco, un partido a la vez, un parcial a la vez, Federer superó todos los obstáculos que se pusieron en su camino.

Por supuesto, las derrotas de Novak Djokovic, campeón de los últimos años, en la segunda ronda y del número uno del mundo, Andy Murray, en los octavos de final, fueron dos menos. Pero uno sólo puede enfrentar a quien tiene enfrente.

Federer frente a su kriptónita

En camino hacia la final, el suizo venció a tres top 10: Tomas Berdych (cómodamente), Kei Nishikori y Stan Wawrinka, los últimos dos en cinco duros parciales. Todo para enfrentar en la final a un cuarto top 10: su kriptónita, Rafa Nadal.

Y por cuarta vez, el partido se fue al límite.

En el set decisivo, el español quebró en el primer juego. Una ventaja que duró hasta el sexto juego, en donde Federer agarró la victoria de la boca de la derrota. Ganó cinco juegos consecutivos para consagrarse campeón del Australian Open por quinta vez con un triunfo por 6-4, 3-6, 6-1, 3-6 y 6-3.

Tal como los caballeros de un cuento, luego de saludar a su valiente rival, el suizo, entre lágrimas, puso una rodilla en el suelo. Ya tenía su Grand Slam N°18.

Había una vez…

FedererHabía una vez, un jugador que se perdió seis meses por lesión. Y en su primer torneo oficial, contra todo pronóstico y a los 35 años:

  • venció a cuatro top 10;
  • ganó cuatro de sus partidos en cinco parciales (algo que no se había visto en casi 13 años);
  • enfrentó a su gran rival, contra quien no había ganado en Grand Slam desde hace casi diez años;
  • y triunfó para lograr su grande N°18.

Como en los mejores cuentos, versión tenística.

¡Gracias por tanto, Roger!

(Fotos: Getty Images)