Hoy es un día gris en Buenos Aires, es febrero, deberían estallar el sol y las altas temperaturas pero no, está nublado y hace frío. 

Y esto no tiene nada que ver con el clima. Tiene que ver con las injusticias. Dicen que todos los finales son tristes.
Pero este es muy injusto. ¿A dónde podemos reclamar?

Juan Martín Del Potro está de traje, parece arrodillado frente a la prensa. Sus palabras tienen un atisbo de disculpas. ¿Por qué? 

El gigante, el mismo que nos hizo llorar, abrazarnos con nuestros seres más queridos, el mismo que nos hizo sentir orgullo del tenis argentino, está doblado. 

Y no es por que no quiere es por que no puede. Y nadie no quiere. Lo esperan todos: Roger, Rafa, Nole, Andy. Lo esperamos todos. El lo merece, el tenis lo merece. Necesitamos seguir disfrutando de lo que mejor hace.

Aunque está muy elegante y se ha expresado de manera impecable, su lugar no es ese, no es ese. Juan Martín del Potro debería estar y debería haber estado reventando balones y haciendo trastabillar a las leyendas más grandes de la historia del tenis. Levantando partidos, ganando grandes, levantando medallas, abrazándose con sus colegas. 

Hoy es un día gris en La Trinchera y no traten de explicarlo porque no lo vamos a entender. 

El tenis llora, nosotros lloramos y los gigantes también. 

Tengo una sensación muy parecida a esas películas que no terminan bien. Será el infantil reclamo de un adulto que no quiere renunciar a ese joven lleno de esperanzas, objetivos y sueños.

Hoy tengo el corazón partido y no se me va a arreglar. 

Será cuestión de recurrir una vez más al tiempo. 

Hoy el mundo suena un poco más injusto.

Te vamos a extrañar Juan Martín del Potro.