El tenis argentino pisa alto en el primer Grand Slam del año de la mano del Peque.


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Diego Schwartzman está arrasando en su paso por el Abierto de Australia 2020, en donde sin ceder sets, ya se encuentra en octavos de final igualando su mejor marca personal obtenida en Melbourne en hace dos años. En una entrevista para la página de la ATP World Tour, el Peque se sinceró hablando sobre uno de los temas que a lo largo de su carrera tenística, lo ha hecho buscar las maneras para mejorar su condición física a costa de lo que la mayoría de los especialistas opinaban sobre su altura:

“Tengo problemas peores que ser 10 centímetros más bajo que los demás. Cuando entro a la cancha no pienso en cuán alto soy o cuan grande es mi oponente. Se la diferencia que hay. Pero, ¿y qué? Tal vez si tuviera un par de centímetros más tendría un mejor servicio o golpearía con más potencia. Pero mi altura no va a cambiar. No puedo despertar el tamaño de John Isner o Ivo Karlovic. Hay razones por las cuales no podría haber llegado hasta aquí, pero eso no tiene nada que ver con mi altura”.

El Holocausto: La historia del bisabuelo de Schwartzman

Como en tantas otras situaciones de la vida, la mayoría mucho más importantes que un partido de tenis, Diego tuvo que ingeniarselas para, entre otras cosas, poder comenzar a jugar al tenis y aspirar a vivir de ello. Siempre recuerda los esfuerzos que hizo su familia, en especial su madre y su padre, para que a él no le faltará nada. Ni a él ni a sus hermanos. Ese espíritu de lucha y de no rendirse ante situaciones adversas se remonta a sus antepasados y lo que han vivido en uno de los momentos más siniestros de la historia mundial, el Holocausto:

“Tengo raíces judías. Mi bisabuelo del lado de mi madre, que vivía en Polonia, fue llevado en un tren a un campo de concentración durante el Holocausto. El acoplamiento que conectaba dos de los vagones del tren de alguna manera se rompió. Parte del mismo continuó y el otro se quedó atrás. Eso permitió que todos los atrapados adentro, incluido mi bisabuelo, corrieran por sus vidas. Afortunadamente, lo hizo sin ser atrapado. Solo pensar en eso me hace darme cuenta de cómo las vidas pueden cambiar en un instante. Mi bisabuelo trajo a su familia en bote a Argentina. Cuando llegaron, hablaban yiddish (lengua judía) y no español. La familia de mi padre era de Rusia, y también fueron a Argentina en bote. No fue fácil para todos ellos cambiar totalmente sus vidas después de la guerra, pero lo hicieron. Entonces, desde mi antepasado que escapó de un tren en su camino a un campo de concentración para quedarse en pequeñas habitaciones de hotel y vender pulseras, me considero afortunado. Pero todos tienen una historia. No soy el único que se ha enfrentado a la adversidad. Se trata de no dejar que los momentos difíciles te desanimen y usarlos como motivación para ayudarte a convertir una mala situación en algo bueno”.

Foto: Australian Open

Fuente: ATP World Tour