El hombre que vino al tenis para transmitir un mensaje


Tito Vázquez, es un conjunto de muchas cosas. El mutualismo entre la poesía y el tenis. Un deportista con alma de rockero. Inabarcable, querible, de esos tipos que no se guardan una puteada o un abrazo.

Su vida lo puso en lugares muy importantes. Desde los cargos en los Departamentos de Desarrollo en la LTA (Asociación de Tenis Británica) y la AAT, hasta la capitanía nacional de Copa Davis en diferentes gestiones.

Pero lo de Tito, no son los cargos, ni las estructuras. El vino a dejarnos algo.  Ese mensaje transmitido por los grandes sabios, el mismo que él ha decodificado para los “comunes”.

Tal vez porque creció viendo tenis,  su ojo en algún momento se transformó en biónico o simplemente nació con el don. Pero en muchas charlas de Tito, hay algún vaticinio del futuro. Así como quien no quiere la cosa. Se anticipa, él puede ver tenísticamente lo que va a pasar.

Testigo del cambio del mundo, en el lugar donde había que verlo (Estudio en UCLA), y como un viajero del tiempo, hoy, nos da a cuenta gotas la información que necesitamos.

Nadie sabe si corre ladrillo por sus venas. Pero todos quieren compartir una mesa con él. Hablando con los mortales, pensando como extraterrestre. Una vértebra de la columna del tenis argentino, clavado en nuestra espalda como un fleje de alguna línea de base.

No se cuantos caminos hizo para llegar a ser lo que es. Pero su misión es dejarnos tenis, simplemente el tenis.

 

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