Los campeones del pasado fin de semana en el circuito, dejaron a simple vista que lo sentimental es un elemento clave en el tenis. Puede destruir una carrera, o bien, darte esa cuota extra de coraje que te saca a flote.


Nunca es fácil convivir con las decepciones. No solo las que convergen en las pistas, sino que las relaciones familiares, problemas personales o la pérdida de personas cercanas, suelen ser a menudo difíciles de llevar.

PRIMER CASO

El español Pablo Andujar se consagró en Marrakech, luego de cuatro años sin títulos y entre ellos, casi tres en los que no sabía que sería de su futuro por una lesión en el codo derecho que le jugó varias malas pasadas. Tres cirugías y varias recaídas hicieron replantear si el retiro era la mejor solución. Pese a esto, no se dio por vencido y dio muestra de carácter y perseverancia en la ciudad marroquí. Y va por el Top 100.

SEGUNDO CASO

En Houston, Steve Johnson volvió a saborear el dulce gusto de la miel, luego de la muerte de su padre, el 11 de mayo del año pasado. Algo que tanto aquejó al estadounidense. Tal fue el golpe que le significó el deceso del hombre que le dio la vida y lo acompañó en gran parte de su transformación como jugador profesional, que se lo vio llorando en medio de varios partidos en distintos torneos, entre ellos Roland Garros. Luego de derrotar a Coric en el certamen parisino, rompió en llanto, desconsolado, al hablar ante la prensa: “Físicamente estoy bien, emocionalmente destrozado. Pero esto es lo que él me enseñó. Luchar día a día, así que es lo que voy a hacer. Lo único que puedo hacer”, cerró Johnson. En casa, revalidó lo hecho la temporada anterior, y se coronó por primera vez desde el fatídico suceso.

OTROS CASOS EN OTROS NIVELES

No solo a nivel ATP se dio esta curiosidad. Porque si de guerreros se trata, el mundo Challenger es zona de “conflicto” y dos argentinos dieron la nota. Una muestra de que, si lo deseas, lejos debes estar de agachar la cabeza.

El santiagueño Marco Trungelliti, a sus 28 años y luego de tanto pelear, conquistó su primera corona en la categoría, en la tierra italiana de Barletta. Fanático del café como él se considera, tuvo que pasar la clasificación en lo que fue una dura y larga semana, pero por demás satisfactoria. Y promete más.

Por el mismo camino conduce Juani Londero. Por septiembre de 2014, Juan Ignacio fue 186 del mundo, el cual es el mejor ranking de su carrera. Sin embargo, varias cuestiones lo llevaron a perder terreno, y encontrarse allá por el puesto 500 del escalafón. Comenzó el 2018 con expectativas, y hasta ahora su tenis y las mismas van de la mano. Hoy por hoy, en el lugar 218, lleva escalados en el corriente año cerca de 150 peldaños, luego de comenzar 363, en enero. En México, consiguió también su primera celebración a sus 24 años.

Aunque a veces parecen ser superhéroes, los tenistas son seres de carne y hueso que sufren, sienten y viven como cualquier mortal. Y encima rinden examen a diario para permanecer en la elite, o llegar a ella.

Fotografía principal: Twitter vía @TennisZone