Para empezar debo decirles que la culpa de todo la tiene el tiempo.

El tiempo que se empeña en transcurrir sin hacer excepciones ni conceder permisos.

El tiempo que se las arregla para arruinar esos momentos que deberían repetirse una y otra vez hasta el infinito.

El tiempo, ese enorme enemigo que todo lo puede pero, a quien al menos, hemos llevado al tiebreak.

Podríamos haber pedido más?

No me pidan que me alegre por lo sucedido, al menos hoy no puedo.

Estamos camino al velatorio de Superman, ni los fans de Rafa, ni los de Nole, quieren que suceda. Ellos también hoy lo miran de reojo.

De lo poco bueno, el hecho de ver una foto con los cuatro fantásticos sonrientes. Jóvenes pero golpeados. Golpeados por la era más voraz jamás vista en esta disciplina.

Como carátula de una etapa que hoy se cierra oficialmente.

No hay grand slams, semanas como número uno, ni cantidad de Masters 1000, que puedan igualar la voz del pueblo.

Los verdaderos líderes no se heredan, los héroes verdaderos se sienten.

El sentimiento se ha alzado durante 19 años, cuando hay amor, las explicaciones sobran.

No habrá nadie igual que Roger Federer, el hijo predilecto, el rey del pueblo, quien a pesar de haber caído en la batalla con el tiempo, vivirá en el corazón del tenis para siempre.

 

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