Ver a un jugador empezar a mostrar que es más que talento puro siempre es algo especial. Es como ver a un diamante que se necesita pulir. Sin embargo, no todos los diamantes necesitan el mismo joyero y encontrar el adecuado puede ser muy difícil.

Eso es lo que pasa con Grigor Dimitrov.

Grigor Dimitrov y Roger Rasheed: una colaboración que empieza a dar sus frutos
Grigor Dimitrov y Roger Rasheed: una colaboración que empieza a dar sus frutos

El búlgaro tiene solamente 22 años en una época donde los tenistas llegan a su óptimo nivel alrededor de los 25 años o más, pero hasta hace poco, todavía era considerado como una promesa no cumplida, un jugador extremadamente talentoso que no ha podido ir más allá de su talento y ser competitivo al nivel más alto.

En otras palabras: un diamante que necesitaba pulirse.

Dimitrov parece haber encontrado el entrenador ideal para ayudarle pasar desde “talento inmenso” hacia “jugador completo” en Roger Rasheed. El australiano es conocido por ser un hombre que obliga a sus entrenados a trabajar muy duro, especialmente con su resistencia. En una época de puntos larguísimos y de partidos que superan muchas veces las dos horas de duración, es un aspecto que cada jugador necesita si quiere subir en el ranking.

Lo que pasó esta semana en Acapulco muestra el camino que hizo Dimitrov desde que ha empezado trabajar con Rasheed. Un punto como este, que lo habría encontrado acalambrado, ahora sirve para energizarlo y para seguir luchando hasta el final, esta vez con éxito:

A decir verdad, el Dimitrov de antes de Rasheed ni habría pasado las semifinales en Acapulco. Tal vez ni habría podido triunfar sobre Ernests Gulbis en los cuartos de final. Y no habría jugado la final como lo hizo tras el durísimo partido de semi que ha jugado ante Andy Murray, que duró 2h55 y se terminó mucho después de la medianoche con Dimitrov sufriendo una baja de presión cuando la adrenalina dejó su cuerpo.

Luchando con mucha garra
Luchando con mucha garra

¿Qué hizo para recuperarse a tiempo para la final? “¿Qué puedes hacer?” dijo. “Intentar mantener tu cuerpo en condiciones, llevarte comida, proteínas… hacer todo lo que haces habitualmente. Por supuesto también tienes que tomar tus electrólitos y simple… seguir con tus rutinas.”

Eso fue clave para Dimitrov desde los cuartos de final: siguió con sus rutinas y pudo recuperarse bien, cosas que le faltaban hace sólo algunos meses.

Y creyó que podía. Eso fue su motivación en su triunfo final de 7-6(1), 4-6 y 7-6(5) frente a Kevin Anderson. “Me dije: ‘Cree.’ Eso es la única cosa que me ha salvado hoy”, admitió el búlgaro después del partido. “No hay mucho que decir. No pensaba que podría volver tras el partido de ayer. Me sentía muy mal después del partido y tuve que tomar un par de minutos para relajarme y hacer mis cosas pero… ¿qué puedo decir? Sólo estoy muy feliz. Estoy feliz. Este título significa mucho para mí. Y sí, estaré en el avión mañana hacia el próximo torneo.”

Después añadió: “Cada partido que jugué fue muy duro, especialmente los últimos tres. En cada uno he jugado tres parciales, alrededor de tres horas, algunos de más de tres horas en realidad, así que… Mi cuerpo está aguantando por ahora pero será fantástico tener un poco de descanso. Ojalá que mañana pueda relajarme un poco y volver a las rutinas. No hay mucho tiempo que perder. Se viene Indian Wells, se viene Miami, así que tengo que estar listo para estas semanas.”

Justa y merecida recompensa
Justa y merecida recompensa

Eso es un gran cambio en la actitud del búlgaro, uno que empieza a dar frutos. Desde el arranque de la temporada, ha llegado a sus primeros cuartos de final de Grand Slam, perdió un partido ajustado en la segunda ronda de Rotterdam ante otro jugador en plena maduración (Ernests Gulbis), y ahora ha ganado el segundo título de su carrera, mostrando mucha garra en los últimos tres partido que ha jugado en la semana.

Encima del campeonato, Dimitrov llegará al mejor ranking de su carrera (alrededor del puesto n°16) el lunes, y tiene todo para entrar en el top 10 antes del fin del verano, si no antes.

Tiene talento, y con el aporte de Roger Rasheed, Grigor Dimitrov ya ha empezado ir más allá de sus grandes habilidades. Tal como un diamante, una vez pulido, empieza a brillar. Éso es lo que Grigor Dimitrov está logrando de a poco: está empezando a brillar y a deslumbrar.

(Fotos: Abierto Mexicano Telcel)