Comandada por Guillermo Coria, símbolo de una era, Argentina logró un rendimiento galáctico frente a República Checa en la primera fase de La Copa Davis. Conceptos como la táctica y mentalidad fueron el epicentro de la albiceleste para organizarse y encender el ataque, alcanzando ese equilibrio entre la contundencia y creatividad de sus acciones de promesa superior. La voz más deslumbrante que ha pasado por el Lawn Tennis Club tiene un don inmejorablemente explicado aquí.


“No busquen dinero, busquen gloria. Y así los van a recordar para toda la vida”. 

Previo a Las Eliminatorias era difícil saber qué había que tocar. Casi todos los jugadores habían rayado su 100%, pero ninguno parecía imprescindible. Todos tenían su réplica en el banquillo y, cinco meses antes, salvo Diego Schwartzman, ninguno hubiera pasado por Top-10 en su convocatoria.  

El equipo ya es un monstruo colectivo con una identidad marcada, pero necesitaba un rostro. Se habían construido sin Juan Martín Del Potro (lesionado cuando llegó Coria), podían aplastar a cualquiera sin Federico Delbonis ni Leonardo Mayer, o ser la misma roca tras la lesión de ‘La Torre de Tandil‘.

El margen de mejora estaba en la autosuficiencia de ataque copado por perfiles ‘copiados’. Con el ‘Peque’ titularísimo y Báez afianzado, el resto compartía habilidad y versatilidad (Tomás Etcheverry, Federico Coria, unos futuros Juan Manuel Cerúndolo y Francisco Cerúndolo y Camilo Ugo Carabelli), pero de rendimiento discontinuo, sin épicas ni carisma para rebelarse. Se entiende que con eso, el capitán señala y busca reducir al mínimo el riesgo de fuga de posibles talentos, por maduros o verdes que estén.

Guillermo podía jugar con los estados de forma y matices de cada uno (el golpeo de Fede, los movimientos/coordinación de Horacio Zeballos, el dinamismo de Tomás Etcheverry,…), pero, o lo bordaban como equipo o no había un tipo al que mirar para que ganara el partido cuando nada sale. Día que estaba por llegar.

El ‘Mago’ Coria no puede ocultar la enorme felicidad de poder conducir su primera serie de Copa Davis al frente de la selección Argentina.

La llegada de un tótem en la conducción implicaría un tiempo de adaptación del jugador a un sistema complejo y del equipo a un jugador que, por calidad, absorbería mucho tennis. ‘El Mago’ fue más allá. No buscaría reforzar el plan (mismo perfil de mayor nivel), sino crear otro alternativo.

¿Cómo seguir dando cuerda a un equipo redondo? Como hiciera Orsanic con Delbonis y el ‘Yaca’ Mayer en la Copa de nuestras vidas, Coria ficharía un jugador único que sublimaba una virtud faltante en plantilla. Virtud que el equipo no echaba en falta, pero que sería arma para llegar al mismo sitio de distinta forma. 

Orsanic había introducido la creatividad de Guido Pella en el corazón de un equipo al que le sobraba aguante, lujo que con Delpo se podían permitir. Ahora le tocaba a Guillermo afrontar la paradójica dificultad de volver a ser prolijo y cabal con un plantel más completo.  

Con Báez, Coria adiestraba otro equipo. ‘Desacomodaba’ al grupo obligándolo a reaprender la aventura/flirteo con un ente distinto –si cuajaba, ahora sí tendrían un cañonero de raza que facturara el buen juego– e invitaba a los rivales a romper la recopilación de apuntes de cómo frenar a su cristal azul. De lo práctico a lo enciclopédico y el disfrute. Fuego y diabluras entre tanta cosa metódica y académicamente perfectita. Obteniendo solo partidazos como respuesta. Defendiendo -arropados en su misión resiliente- crecen y creativamente demuestran ser un ‘Niupi’ superdotado. Su imaginación pesa iniciando, abriendo vías y finalizando. Promesa clase A. Debía aprovecharse.

Sebastián Báez se funde en un abrazo interminable con el capitán de la albiceleste.

Como ‘el equipo sin Báez’ ya lo tenía hecho, la estructura defensiva le aseguraba el dobles a Zeballos y la dinámica era positiva, invertir en ‘el equipo con Báez’ no parecía que fuera a acarrear demasiado peaje en resultados. La autosuficiencia del nene de Sebastián Gutiérrez debía hacer el resto.

Proceso de aclimatación sólido en sus ideas. Guillermo sabía a qué territorio debía llevar al enemigo en cada partido y esa zona ya estaba más que trabajada para que Baez saliera victorioso del duelo. La marcha y desarrollo del equipo, con jugadores poco experimentados en Davis, es tremendo. En este tiempo, la Argentina de Coria, que ya venía jugando bien con un Agustín Calleri rindiéndole oda a la sencillez y practicidad, pero con elegancia desde la AAT, pasó a jugar mejor que nunca, con los ‘carrileros’ desatados.  

Todas las cosas que eran cuestionadas cuando íbamos mal, son elogiadas cuando vamos bien.  

Si el Guillermo ‘vintage’ deja de hacer lo que cree, volverán a reinar las sombras de aquel bienal (2013 – 2015) post Nalbandian o a las raquetas -de mucho peso en el vestuario (Gastón Gaudio 2002 vs Rusia, José Acassuso 2008 vs España, Monaco 2011 vs España)- pero con poca fortuna en grandes citas. En plena depresión, las famosas declaraciones de Delpo echaron gasolina a un vestuario que pasaba del estímulo inicial que suponía el reto de engranar otra gema en el guantelete, a preguntarse que para qué integrar a este ‘egoísta’ si ellos sentían otro tenis que ya funcionaba. Un momento en el que feneció la edad de oro, capotando las ilusiones, ‘requiescat in pace’ el tiempo en que todo era posible. 

Pero fue ese ambiente más agresivo que hizo mella y provocó la reflexión desde la pizarra, calando y teniendo cabida en la reconstrucción/operación revancha, buscando un camino diferente y nuevos métodos y voces para acercarse tenísticamente a los mejores del mundo. Dónde pintamos simétricamente la línea entre la pasión/emoción y la falta de respeto hacia y/o entre los jugadores. Mentalidad irrepetible y legado infinito para un hombre que demostró que volar es posible. Proponiendo algo: No cambiar los procedimientos, sino hacer que funcionen.  

Pocas veces se volverá a ver un fenómeno tan popular como lo eran David Nalbandian y Juan Martín. En una era con menos herramientas de difusión como ahora, hacía que las personas se subieran a los árboles y a los techos de los edificios para verlos jugar en una plaza. Homéricos. ¡Qué leyendas los de Unquillo y Tandil! Desbordaban el nacionalismo interno que tenía cada uno, el ‘odio’ hacia los otros países, los fines de semana maratónicos. Esos domingos en los que desayunabas y estaba jugando Mayer y luego…estabas terminando de comerte un asado y SEGUÍA JUGANDO MAYER. ¡Inolvidable! Lo recuerdo y lloro.

Con el tenis de Guillermo como caldo de cultivo, la baja de Del Potro invirtió la dinámica. La calidad del juego y la convicción, rompió y aceleró la evolución hacia un equipo con una ideología y fidelidad a unas creencias que están muy por encima de su ambición por los títulos.  

Ante la ovación de ‘La Trinchera’, la pareja conformada por Horacio Zeballos y Máximo González selló el boleto al grupo mundial.

El talento sigue ahí, la regularidad es cada día más evidente y su tenis va ganando forma cada mano a mano que pasa. Solo falta el último paso, el salto mental para no quedarse en el umbral donde tantos otros buenos seleccionados se quedaron atrapados. El tiempo dirá si este dato se queda en una simple anécdota o si nos termina persiguiendo hasta el fin de nuestros días.

En esta fase de la cátedra donde ya no caben experimentos, un Coria muy original ha vuelto a encontrarse con la tribuna y ha sumado recursos. Más allá de lo que pueda sumar este año, no será raro que Guillermo, el equipo y Del Potro admitan que no compensa forzar esta relación/regreso alguna más. 

Habrá que ver si la segunda vuelta de tuerca pasa por insistir en Juan Martín, probar otra estrella (peligroso en un vestuario reticente tras la experiencia en 2008) o, conservar la esencia y buscar los jugadores idóneos para la creación de ocasiones en cascada. 

Las bajas lo taparon pronto, pero el camino marcado es proliferar hacia un equipo donde todos tengan un arma ofensiva (las conducciones del ‘Peque’, Baez como cuchillo, Coria director técnico total,… imaginemos otra gesta de Delbonis!) mientras cogen cuerpo las cifras de tipos que no llegan a los 23.  

El Lawn Tennis Club se vistió de fiesta después de obtener la clasificación ante los checos.

Estamos en presencia y observación de un diseño de máxima pureza, única y esencial. La paciencia y la tranquilidad. Los circuitos, precisos y aceitados. La contundencia en base a virtudes comunes: velocidad, gran repetición de esfuerzos y vocación agresivo-ofensiva. Por eso, Guillermo puede gestionar autónomamente la ocupación. Más si tiene templanza deluxe en control. Schwartzman, Báez y Zeballos ya son élite. Y Juan Ignacio Chela y Sebastián Gutiérrez ‘fichajes premium’, en parte, por esta multi-adaptación. 

A un equipo lo define su juego, pero también su integrantes. Y eso también retrata el trabajo de un FT. La Argentina de Coria tiene una colección fascinante de talentos. Hoy rescatamos esta delicia (Báez). Tiene todo. Su ranking le hace justicia a semejante. Decisivo y creciendo cada mes. Top class. Vista la última exhibición (ATP Santiago) junto al ‘profe’. Siempre bien ubicado, siempre leyendo el juego. No necesita un radio amplio de acción, en pocos metros hace muchas cosas. Concentrado. Supo superar bien la presión copera, con diferentes mecanismos. Gira y filtra. 

Rápido y efectivo. Valiente. Su cerebro no duda ante el primer instinto, porque no está claro cual sea la mejor opción teniendo esa décima de segundo. Actuación superior. Competitividad que a veces nos deja detalles circa Willy Miami 2007. Combate o postura expectante. Lo que sea. Sin descanso: el sudor, ese éxtasis, dándolo todo. ¿Y si la cancha está bastante difícil? No parece importarle.

Yo pienso que Báez es el ‘10’ típico sudamericano, pero es el más ‘español’ de los nuestros. Su tenis es de ahí también. Y sus virtudes están ahí. La idiosincrasia, todo lo que rodea el tenis argentino es lo mejor para él. ¿Por qué se parece Báez más a Cañas que a él mismo? Fabrica tiros que no parecen proezas ni son definitivos pero que no se atreve a hacer nadie. Es un portento sensacional, demoledor y recursivo. 

Y a ver cuándo muda los dientes de leche Etcheverry porque tiene una calidad técnica y coordinación excelsa. Es un jugador superlativo. No la pierde, se perfila bien, domina el eje. Y tiene solo 22 años. Lo tenemos que cuidar mucho porque es espectacular. A nivel de potrero, no hay uno como él. Es muy original. No es usual ver jugadores superveloces y a la vez tan dominantes tácticamente, exigiendo físicamente tanto a sus contrarios como a la ‘Retu Banda’; desplazándose y en el sitio. En el contexto adecuado puede ser ese híbrido entre un correcaminos y un canguro.  

La yapa: es absolutamente fantástico lo del Peque. Y lo mejor es que hace cosas que sólo hace él pero a la vez se viste de secundario para que luzcan las características de sus compañeros. Una maravilla delirante. 

Diego Schwartzman se afianza como el líder de La Legión 2.0.

Al actual plantel solo le faltaba un detalle para ser el de la primera década de los años 2000. Un detalle con nombre y apellidos. Lúcido y picante. Puede no gustar por su presencia altanera y de ‘matón’, pero Coria adoctrina muy bien a los pibes. Hay una gran confusión entre una persona segura y con actitud a una pedante y ególatra. La primera enamora, la segunda irrita mucho. Tener la experiencia del ‘Mago’ al lado los hizo crecer y asentarse. Muy confiable. Ya es un estado de la mente. Serie para demostrar qué es Coria, no sólo por nivel sino por tipología. Es lo que se vio: un DT de gran curso que demanda libertad para moverse y ser la piedra angular del proyecto en el que esté. Sin extremos. Suelto. Profundidad sin desnudarse. Caiga quien caiga. Las intenciones de juego de siempre claras: trabajo y provocar errores en el rival. Armó un cuerpo para eso. Y todos se ven dispuestos a cumplir tales premisas.   

Es una cosa tan bonita, tan de amigos/familia, que la pizarra inteligente sonríe, fluye como si fuese obvia, como si no hubiese otra forma de organizarse. Manejan el timing con una paciencia total. Impronta Guillermo Coria. El amor a La Legión nos une y nos hará grandes como Nación. Caminos que, así como simplificaron, también agigantaron a todos. Es una locura esta obra, Faraónica! Y la opulencia de ‘La Trinchera’ emociona. Sacrificio, éxito, drama, humor, agradecimiento. Victoria épica. De profesión actual: Modo Selección Argentina