Nunca te rindas. Los problemas no son suficientes para hacerte abandonar. Siempre se puede. Siempre.


Tras ser campeón en Roland Garros 2016 y en el Abierto de  Australia 2017.  Y tras alcanzar el número uno del mundo en 2017, Gustavo Fernandez entro en mala racha. Llegaba a las instancias decisivas de los torneos más importantes pero siempre se quedaba ahí, en la puerta.

Perfeccionista por naturaleza y adicto al entrenamiento, Gusti sentía que tenía todo pero las cosas no se daban. Para muchos hubiera sido suficiente pero para el jamás.

Por eso las lágrimas, por eso la emoción, los brazos en alto y el grito.

Tras batir por 7-5 y 6-3 a Stefan Olsson (su verdugo en varias definiciones), en la gran final del primer grande de 2019, Gusti se reencontró con la gloria, el título y su esencia, la de un maestro de lucha frente a la adversidad.


Por eso cuando amanezcas con un problema o un obstáculo pensá en Gusti Fernenadez.

Grandes hombres no son aquellos que nunca caen, sino los que siempre pero siempre se levantan en busca de un round más.