La primera de una miniserie de apasionantes notas sobre la pelea de las marcas en el Tenis


A mediados de los setenta con la llegada de los primeros revolucionarios, la industria del tenis comenzó a crecer de una forma llamativa. Ya no eran señores que aparentaban ser mayores; eran jóvenes, de pelo largo, que escuchaban rock y salían en tapas de revistas. El tenis se masificaba.
Hasta ese entonces el dominio del mercado era netamente europeo; italiano y francés para ser más exactos, y de firmas exclusivas de tenis, Fila, Lacoste, Sergio Tacchini, Ellesse. Tendencia que fue revirtiéndose con la llegada de los que en el futuro serían los dominadores del mercado: Adidas y Nike.

Para mediados de los ochenta Adidas contaba con la figura de Iván Lendl y de la estrella en ascenso, el sueco Stefan Edberg, y a pesar de que la firma alemana había quedado del lado más divertido del muro, su imagen estaba muy vinculada a Europa del este por ser sponsor de varias naciones comunistas.

Nike, por su parte, apostó al primer transgresor y contrató a John Mc. Enroe. Y a pesar de los berrinches y de su gran talento, su imagen todavía no movía la balanza en las ventas a gran escala.


Sergio Tacchini seguía con el dominio de occidente, y contaba con una gran cantera de talentos, algunos sin carisma como el sueco Mats Willander, tal vez el número uno del mundo más olvidado del tenis y, otros, como el australiano Pat Cash, siendo el primer icono de la moda tenística, con su vincha a cuadros.

Hasta ese momento era una pulseada pareja, y cuando el mercado masculino se fue agotando, las marcas fueron por las chicas. Casi elegidas con un perfil genético, Adidas se quedó con Steffi Graf y Sergio Tacchini con nuestra Gaby. Los deberes fueron tan bien hechos por la firma italiana, que mientras Graf ganaba Gran Slams, Sabatini vendía millones. Toda adolescente aspiracional, juegue o no tenis, tenía algún modelo de Gaby en su placard, así como los hombres matábamos por tener las últimas Adidas Stefan Edberg.

Pero un día todo cambió. Y a fines de los ochenta, André Agassi se pone un short de jean para jugar tenis. Nike ponía por primera vez su sello en las grandes ligas. El era una estrella de cine que tranquilamente podría haber filmado “volver al futuro”. En ese mundo moderno, pero no masificado, Agassi vendió su short de jean desde Argentina hasta Japón.

Todavía con el mundo fragmentado, y un dominio casi absoluto de la marca alemana; los ochenta se fueron agotando como la guerra fría. Pero la guerra por el dominio comercial del tenis recién comenzaba…