Los argentinos buscan cortar el maleficio en el ATP de Buenos Aires.


La derrota de ayer en la final del Córdoba Open de Diego Schwartzman frente a Christian Garín vuelve a reflotar una maléfica energía que anda circulando por el aire. No sé si es un embrujo, pero nos viene lastimando desde hace rato.

La historia oficial no miente. En los últimos 12 años solamente dos argentinos lograron ganar un ATP en el país. Uno es el caso ya remotoremotode de David Nalbandian en 2008 cuando alzó la copa en Buenos Aires. El otro más cercano en el tiempo, fue Juan Ignacio Lóndero campeón del Córdoba Open 2019, lo que catalogamos como una bocanada de aire fresco necesario.

Argentina siempre ha sido tierra de grandes jugadores con altos puestos en el ranking y en niveles superlativos, pero así todo, por distintas circunstancias nos ha sido esquivo ganar de local.

Respondiendo a este enigma, hay que hurgar en el baúl de los recuerdos bien guardados. Volver al Argentina Open 2008 cuando Nalbandian venció a Chucho Acassuso o más cerca, cuando el Topo Lóndero supero a Guido Pella. Aunque se hayan conseguido primeros lugares, es muy poco en estos 12 años considerando la jerarquía de los tenistas argentinos.

La relación es aún más contradictoria en el Guillermo Vilas con una racha negativa de cuatro finales perdidas:

  • 2009: Tommy Robredo (Esp) vs Juan Monaco (Arg) 7-5, 2-6, 7-6(5)
  • 2011: Nicolás Almagro (Esp) vs Juan Ignacio Chela (Arg) 6-3,3-6,6-4
  • 2015: Juan Mónaco (Arg) vs Rafael Nadal (Esp) 6-4, 6-1
  • 2019: Marco Cecchinato (Ita) vs Diego Schwartzman (Arg) 6-1, 6-2

La cuestión parece menos importante, pero entabla un problema a profundizar. Los argentinos nos comenzamos a preguntar: ¿Qué anda pasando por acá? ¿A qué clase de magia negra estamos sometidos? Lo cierto es que tal vez, podremos estar viviendo una mala película con final feliz.

Por Juan Ignacio Bossi

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