El nacimiento de quién marcó un antes y un después en la historia del tenis.


Treinta y ocho años. Letras que simbolizan un número. Él número. Federer acababa de ganar Wimbledon junior en 1998 cuando apenas hacía sus primeros pasos en el profesionalismo. La derrota en su debut en el circuito en Gstaad ese mismo año a manos de Lucas Arnold le daba la bienvenida a un muchacho irascible a quien muchos catalogaban como uno más. Un terrenal que jugaba lindo.

2017. Ese terrenal que jugaba lindo absorbía el deseo de los fanáticos en tierras australianas. Ese anhelo de niño por festejar ante su archirrival lo que ya tantas veces ha festejado. Era el paso inicial hacia la resurrección de tantos rumores de retiro pensado, esos que ya se preguntaban varios medios, aficionados y el mundo entero. Esa segunda juventud que comenzaba a los 35 años invitaba a seguir con el mito, a agigantar la leyenda, a pasar el plumero por los récords más antagónicos del tenis. A imaginar lo inimaginable, a volver a revivir lo mismo con Federer, pero en una versión todavía más sabia y natural. Desde Mirka como baluarte en su decisión constante de darlo todo otra vez, hasta su amor diario y bien alimentado por el deporte que lo acobijó desde infante.

2019, 8 de agosto. Treinta y ocho. Él número. Hace ya esa cantidad de años comenzaba el D.R (Después de Roger). Hoy pedimos un solo deseo. Que cada vez que vayamos al perfil de Roger en la página oficial de la ATP y miremos su edad mentirosa, no busquemos la palabra “retiro” en nuestro vocabulario inconsciente. Solo limitémonos a saborear su presente y disfrutar su futuro. Noviembre en Argentina, temporada 2020, el 21° Grand Slam, y Tokio. Objetivos que queremos para Su Majestad. Objetivos que quizás para él hoy se desplacen del plano principal, pero que continúan avivando la llama, la de simplemente entrar con la Wilson a jugar al tenis.

Feliz cumpleaños Roger, y por muchos años más. Firma, uno de tantos.