El idilio de Casper Ruud con los ATP 250: ¿un palmarés del cual sentirse orgulloso o una estadística que sueña con dejar atrás?


Cuando Casper Rudd (8°) tuvo la oportunidad de volver a Argentina, su espíritu conectó con todas las cosas que lo han hecho ser el jugador que es; un hombre ajeno a las modas, que sigue respirando tenis como si no fuera cambiante, sino atemporal. Al fin y al cabo, la forma en la que este juego crea tendencias y correlaciones suele ser a través del éxito y no porque avance invalidando lo que se hizo el pasado. Todo es válido, lo único indispensable es el tiempo y el espacio dentro del rectángulo.  

Volviendo a revitalizar sus ‘orígenes bonaerenses’, relanzó un sistema táctico que lleva su nombre en Europa: ningún otro coetáneo ha abanderado tan bien los ATP 250 desde que levantó su primer torneo, siendo esta categoría donde su idea mejor roce y encaje ha tenido. Y lo ha demostrado, perfeccionando y acomodando de nuevo el dibujo sobre los nombres. Así nace su éxito en el esquisto, piedra y arcilla, vistiendo el talento con mano de sastre en su carismática pizarra, que ha colmado de buen tenis y equilibrio el Lawn Tennis Club.   

Un ‘ingeniero’ que sostiene que en ‘zona franca’ juega al mejor nivel en un momento donde más recelo se ve de dicha hegemonía (Big Three) y el momento en el que más resultados cosecha fuera de sus fronteras (Grand Slam). Ni se vuelve loco con la victorias ni se hunde tras las derrotas.

Pero de algún modo ésta es una buena forma de resumir y describir al noruego como jugador; tiene bien trabajadas todas las fases del juego y su interrelación, algo que lo caracteriza como orfebre de rallies por encima de cualquier otra cosa que sirva como añadido. Éste es su verdadero valor como top élite; uno que quiere ganar y valorar el potrero a toda costa, a cualquier precio y siempre de forma incondicional. Su currículum se ha constituido porque su calendario está bien pensado, y compite tanto desde las virtudes propias como midiendo las del rival. 

En este arranque de temporada al frente de su ‘carabela’ se hacen cada vez más nítidos los pilares que sostienen sus gestas como coloso de esta área. Vuela por momentos, desplegando una iniciativa y confianza individual extraordinarias, encontrando todas las constantes que se vieron en Ginebra, Bastad y Kitzbühel. Repitiendo funciones como un reloj.  

Primero, estabilidad y coordinación, pero sin protagonismo excesivo. Creativo en ese escalón del campo. En la década pasada David Ferrer fijaba esa zona o un joven Richard Gasquet. En la era Fedal estaba el eterno Nicolai Davydenko junto a Jo Wilfred Tsonga y Tomas Berdych donde ninguno de ellos se subía encima del podio.  

Un perfil sombrío, subordinado, que labra la tierra en favor de la libertad de los dioses indiferentes, la línea donde el escandinavo se vuelve tan original y brillante. El discípulo de la Rafael Nadal Academy ha tenido siempre una extraña y a la vez sutil habilidad para no cruzarse en el camino de aquellos nacidos para gobernar el sistema.  

Casper Ruud comparte una sesión de entrenamiento junto a ‘Rafa’ en las instalaciones de la Rafael Nadal Academy.

Por petición o casualidad, que Casper Ruud se haya cruzado con Federico Coria y Ignacio Londero, así como con Denis Shapovalov, Benoit Paire o Diego Schwartzman; Federico Delbonis, Holger Rune o Pablo Andújar y Roberto Carballés, Sousa o Pedro Martínez, nos confirma que con ellos se impulsa la idea y son los que elevan el techo inicial de los eventos 250 hasta el punto de alcanzar tramos de juego de una velocidad y belleza natural, y que en cierto modo vincula la libertad del jugador sudamericano con el orden que caracteriza al Olimpo. Ellos son, precisamente, los jugadores que apenas dudan cuando reciben la llamada de los organizadores. No había que encontrar nuevas musas. 

Así, el número 8 en la preclasificación puede desplegarse porque los medios nunca lo retienen dentro de los recintos deportivos ni lo necesitan para impactar en las portadas, abriendo espacios para que los Cerúndolo, Báez, Etcheverry asciendan, se abran, tracen y participen sin pisarse. 

El asunto sería mucho más grave, encerrándolos y obligándolos a ejecutar en lugar de imaginar, una constante que el noruego ha vuelto a reproducir con enorme sabiduría defensiva y suministrándose del timing exacto para entrar en juego y atacar el espacio que va generando con su profundidad. Derecha pesada = potencia + altura. Para coronarlo, imita el papel que tuvieron Ferrer, Gasquet, Tsonga, Dabydenko y Berdych durante la conquista Federiana

El caso de Ruud, ovación de ‘La Trinchera’ mediante, es paradigmático del momento de juego que ha alcanzado. Es un tipo enormemente particular, muy relacionado con el contexto, que goza de sentido dentro de un partido cuando llega a un espacio concreto donde el tiempo se detiene. ¿Cómo es posible que lleve 20 GS como jugador de panteón/siembra y una participación en la meca tan discreta (nunca hizo cuartos de final)? Ésta es la prueba de fuego del último campeón del Argentina Open como consagrado: encontrar tan bien, en tiempo y espacio, a ese jugador tan singular, siempre certero y libre de atenciones para traducir lo generado. Hace todo perfecto antes de pisar su baldosa de la muerte y elevar su pizarra a otro nivel. Así, ha vuelto a triunfar jugando limpio, armónico, lijado con exactitud y sin recurrir a reinvenciones. Otro título de manual. Un giro de acontecimientos que demuestra que la experiencia es un grado.