La AAT es una gran familia. Una familia disfuncional, ensamblada y controvertida. Una familia que posiblemente siempre se mantenga unida a pesar de sus grandes diferencias, unida por el amor, el amor al tenis.

Forjada con aires aristocráticos, la AAT, como las primeras naciones, vivió una etapa monárquica, los ricos, “los fundadores”, tuvieron el valor de hacer, de crear; y por supuesto de mandar, casi sin oposición durante muchos años.

Cansados del centralismo, sus parientes rebeldes se cansaron del acartonamiento de sus antecesores, y crearon una resistencia. “La resistencia”. El intento de mediados de los noventa que fracasó, como esas ideas utópicas de un mundo de iguales.

Pero este movimiento, inspiró aires de cambio, y la AAT, vivió su primera modernización. Los parientes ricos del campo, volvieron a tomar el mando, más modernos, más democráticos. Con un interior del país más fuerte, más participativo y protagonista.

Y casi de casualidad o no, después de que sus dos grandes figuras dejaran el tenis profesional (Vilas y Sabatini), la Argentina inundó el circuito de grandes jugadores. Los hijos del uno a uno, el grupo mundial de Copa Davis, el boom del tenis. Me animaría a decir los hijos de “Gaby”.

En el ínterin, como en toda familia, la gente muere, deja vacíos. Y la línea sucesoria empieza a repartir sus números como en una ferretería. El sillón de Maipú, ya no lo ocupaba un señor que tenía sus vitrinas llenas de copas, tampoco su mano derecha.

El paso del mando quedó en una nueva generación de dirigentes. Que su principal virtud fue estar, estar ahí. Llenos de buenas intenciones, hicieron cambios, lograron lo que nadie, pero flojos de papeles, generaron deuda y no me refiero a deudas de dinero.

Pecando de desconocer la historia, la historia de la sangre azul de tenis y creyendo que el poder es eterno.

Mientras el tenis el tenis mutaba, los hijos pródigos, exitosos, volvieron de sus estudios en el extranjero como jugadores profesionales. Y por primera vez en la historia están dispuestos al patear el tablero.

Con la impunidad de su trayectoria, buscan poner a la AAT, a la altura de lo que ellos fueron como jugadores. Tienen el aval de la aristocracia familiar y el temor de los laburantes del tenis, que nunca han encontrado su lugar en este caserón de paredes descascaradas.

El desafío está planteado y los hijos pródigos, volvieron para quedarse con la casa y liderar la familia.