Más tarde que temprano, un Djokovic hambriento de gloria supo resurgir de la importencia e insertarse nuevamente en la cúspide de los grandes.


Mal acostumbrados a los regresos furtivos de Roger Federer y Rafael Nadal el año pasado, el 2018 ha engendrado el retorno tardío de quien fue capaz de hacer temblar la rivalidad más grande de la historia del tenis contemporáneo.

Novak Djokovic experimentó un sin fin de sensaciones desde aquella derrota y posterior lesión durante la temporada pasada en los cuartos de final de Wimbledon.

Y hoy, en el mismo torneo, escribió el final feliz de una larga ausencia tenística de los primeros planos. Un nuevo comienzo para Nole.

Junto a su cuarto título en Wimbledon, también vino el 13° en Grand Slam y el primero en más de un año. Además la tan ansiada vuelta a un Top 10 necesitado de la presencia de Djokovic.

Más allá de la disparidad inicial en la final ante Kevin Anderson, contra Rafa en semifinales se vio la luz del Ave Fenix posarse sobre la humanidad de Nole, un Nole que seguramente se infle el pecho nuevamente para seguir interumpiendo el Federer – Nadal preestablecido en el circuito.

Porque Djokovic ha vuelto. Y lo viste volver.

Foto principal: Wimbledon