EL MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS SEGÚN EL SUFRAGIO ÚNICO UNIVERSAL

Hace tiempo ya que está instalado el debate sobre qué jugador es el más grande de todos los tiempos. Siempre recurrimos a especialistas y ex jugadores para resolver esta incógnita. Algunos se atreven a elegir un nombre; otros prefieren esperar a que las carreras de Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic concluyan. Esto debería ser lo más acertado considerando la enorme cantidad de datos estadísticos que estos gigantes del deporte nos ofrecen a la hora de contabilizar sus éxitos.

Acostumbramos a tomar en cuenta como punto de partida los títulos de Grand Slam, rubro en el que lidera Federer con 20, seguido por los 19 de Nadal y Djokovic con 17, o la cantidad de semanas en la cima del ranking mundial con las 310 semanas del suizo, las 282 del serbio y 209 del español. En títulos obtenidos a lo largo de una carrera de tenis profesional, el estadounidense Jimmy Connors lidera la tabla con 109, seguido muy de cerca por Federer con 103, aunque los más estudiosos saben que el helvético cuenta con títulos de mayor relevancia en su cuenta personal.

En cuanto a la cantidad de títulos Masters 1000, Nadal tiene 35, Djokovic 34 y Federer 28, pero en lo que hace al torneo de Maestros, Federer supera al serbio por uno mientras que Nadal nunca pudo ganarlo. El balear podrá ser el máximo ganador de torneos de serie Masters, pero es el balcánico quien ha logrado lo que ningún hombre ha podido: ganar los 9 eventos del calendario. Además los tres han podido ganar la Copa Davis, pero solo Nadal ha logrado el oro olímpico en singles.

La cuestión se vuelve más compleja si tenemos en cuenta que en la sumatoria de los títulos de elite, Djokovic es el más ganador hasta el momento con 56, seguido por Nadal con 55 y Federer en tercer lugar con 54. Sin dudas podría compararse con una carrera de 100 metros libres en donde los participantes solo se sacan milésimas de segundos entre sí.

Si hablamos de dominancia o hegemonía en una superficie, Nadal es quien salta a la mente de todos debido a su imponente récord en el polvo de ladrillo, especialmente en Roland Garros ganando 12 veces en los últimos 15 años.
En algún momento se creyó que Federer lograría proclamarse rey del césped de Wimbledon, pero sus dos archi-rivales se encargaron de detenerlo. Djokovic se encamina a que Australia sea su lugar aunque todavía le queda mucho camino por recorrer.
El poderío de Nadal en la arcilla plantea tres variables: ¿Acaso es mejor quien más haya ganado, o es mejor quien más versatilidad haya conseguido en todo el mundo? ¿Acaso será mejor aquel que ha podido dominar a todos en un solo lugar? Sin dudas esta arista es relevante siendo que quien menos tiempo estuvo en la cima, es quien ha conseguido ser rey de una superficie venciendo al serbio y al suizo.

Por último tenemos los enfrentamientos personales y en ese rubro el serbio se impone por sobre los otros dos. Muchos defenderán las épocas de cada uno, de quiénes fueron contemporáneos, la dificultad que ofrecieron sus rivales, pero lo que sí es cierto es que estos tres tenistas son lo mejor de una “Era”, y cuando se retiren será momento de entrar en una nueva “Era”; del mismo modo que aparecerá alguien que rompa el récord olímpico de Usain Bolt, porque la historia siempre nos ha traído en algún momento un nuevo récord.

Lo que está claro es que estos tres jugadores estarán en el salón de la fama una vez que sus carreras concluyan sin importar estos números, y lo que podemos resolver de estas estadísticas es que todas ellas tienen un valor significativo para cada uno de los protagonistas, por lo que ponerlas en la balanza solo generaría un dolor de cabeza. La realidad es que los tres coincidieron en el pico de sus carreras y los tres fueron número 1 compartiendo el circuito durante años. Son lo que son porque se impulsaron entre sí a superarse.

Acostumbramos a ordenar los factores estadísticos al decidir qué o quién es mejor, pero ¿qué tal si para llegar a esa conclusión nos permitimos pensar fuera del sistema tenístico, transportándonos a un ámbito donde la opinión de todos valga lo mismo? Es importante hacer énfasis en esto para que la opinión de un joven que comenzó a ver a estos titanes en la última década, tenga el mismo peso que la de un veterano que vio nacer a estas estrellas antes de consolidarse.

Para ello debemos analizar quiénes son estos hombres cuando no empuñan una raqueta de tenis. Millonarios y vinculados a grandes marcas, tienen sus propias fundaciones con fines benéficos y academias de tenis, al igual que muchas grandes estrellas del deporte, pero Federer es quien ha hecho mejor las cosas en los negocios para tener un portfolio envidiable convirtiéndolo en uno de los deportistas mejores pagos del mundo, sin dejar afuera el hecho de que ha logrado promover un evento tenístico propio, histórico, como lo es la Laver Cup, que se hizo su lugar dentro del calendario anual de la ATP y del cual forman parte Nadal y Djokovic por invitación. Esto demuestra la enorme influencia que tiene la imagen del suizo, quien desde hace años es el máximo ganador del premio Stefan Edberg a la deportividad otorgado por la ATP al igual que el premio del “Favorito de los Fans”.

Roger Federer vaya a donde vaya es una estrella, y por supuesto que tiene sus detractores que eligen al español o al serbio, pero en un estadio que lo encuentre ante cualquiera de ellos dos, la respuesta del público se hace evidente. Punto a favor de Djokovic que siendo el menos favorito, en varias oportunidades se enfrentó al rival y al público en su contra y supo ser campeón como si siempre hubiese jugado de visitante. El serbio aunque parezca el hombre sin miedo, no logra encantar al público cuando enfrenta al suizo.


La grandeza de una persona habitualmente se decide con base en su contribución a la sociedad, o a la humanidad si se llega a esa escala. Analizar desde los resultados y títulos obtenidos sería una discusión casi imposible de conciliar, pero nunca se habla sobre la popularidad, y cada uno tuvo la oportunidad de mostrarle al mundo quienes son; y el mundo eligió.
La gente ama la fuerza de voluntad, entrega y perseverancia de Nadal, pero Roger llegó antes y quizás sea injusto para Nadal, y puede sonar exagerado, pero si hoy apareciera un nuevo Dios, a la gente le costaría mucho aceptar a otro que aquel que ha venerado por años.

Si llamáramos a elecciones presidenciales y ellos tres fueran los candidatos, Federer sería electo con un 55%, Nadal quedaría con un 30% y Djokovic con un 15% de los votos. Al igual que con nuestros representantes cada uno hace acciones, y a fin de cuentas lo que suma es la llegada al público. Más allá de lo que un candidato haga o no, la gente lo elige por la llegada que tiene este hacia la comunidad, les gusta o no escucharlo hablar, lo que tiene para decir, o la forma en que lo dice. Al final siempre terminan siendo más promesas que hechos, pero la clave está en la forma en la que se expresa, no solo por su vocabulario, sino también por su lenguaje corporal.

Escuchar y ver a los tres cuando dan declaraciones es fantástico, aunque Novak ha sido señalado por varios colegas de querer agradar a toda costa. Rafa siempre fue reservado e introvertido, y se nota que ha mejorado con los años de experiencia, pero es un jugador que hace declaraciones porque su status lo obliga a tener que hacerlo; Roger, en cambio, siempre se ha mostrado natural y relajado.
Ninguno de estos tenistas tuvo como objetivo llegar al público. Fue la personalidad del suizo la que llevó a la gente a considerar que es un modelo a seguir a pesar de admitir que el serbio y el español quizás también lo sean. Nunca fue la intención de un tenista que solo quería triunfar en el deporte que ama, pero sin quererlo, lo hizo.

Personalmente me inspira la filosofía de Nadal, y a la hora de pensar en aquello que nos marca, Djokovic aún sigue rompiendo raquetas de tanto en tanto mientras que el español jamás lo hizo en toda su vida, y a pesar del enorme valor que tiene esta afirmación, el público empatiza más con el hombre que rompió raquetas hasta sus primeros pasos en el profesionalismo y eligió cambiar para convertirse en algo mejor. Quizás Nole o Rafa logren ganar más que Roger eventualmente, pero al parecer el voto decisivo puede estar en algo tan simple y subestimado como lo es haber sido siempre un buen tipo, o romper ese molde de “la gente no cambia” por el del hombre que se vio en la pantalla grande de un estadio, y avergonzado por su comportamiento, decidió dar una mejor imagen hacia aquellos niños que pudieran algún día querer ser como él.

Por Andy Chalcoff