El país con el mayor presupuesto de Latinoamérica sigue de vacas flacas.


El torneo de Acapulco abre sus puertas un año más pero ni su impactante mar, ni su abultada billetera para atraer figuras, oculta el grave problema que tiene el tenis mexicano: no hay jugadores.

La organización del mejor ATP 500 del calendario le otorgó un WC al mejor crédito local, Gerardo Villaseñor, de 25 años y 563º del ranking, que cayó en primera ronda en sets corridos ante Dominik Koepfer. Esto pone nuevamente en evidencia la falencia del tenis profesional mexicano.

México es el país de Latinoamérica con mayor cantidad de torneos ATP y WTA; cuenta con un gran número de torneos Challengers, y en el 2019 fue el mayor organizador de torneos futuros de la región. Sin embargo, y a pesar de estos esfuerzos organizativos, el desarrollo de jugadores parece ser un secreto oculto en los últimos veinticinco años.

Los sueños de tener un top 100 aparentemente terminaron de la mano del último jugador con potencial, Cesar “el tiburón” Ramírez, ex #3 del mundo juvenil y #105 ATP en dobles en el 2016. Y pesar de que en la rama femenina el panorama es más alentador, por contar con Renata Zarazúa (#144 WTA, 23 años), el futuro sigue siendo incierto.

México cuenta con tradición tenística, muy buenas instalaciones y un gran público consumidor del deporte blanco, pero los problemas de desarrollo de jugadores tienen orígenes más profundos. Uno de estos problemas es su geografía, ya que la mayoría de las ciudades más pobladas se encuentran muy altas sobre el nivel del mar y eso hace más difícil poder jugar en condiciones “normales”.

Otro problema es la falta de visión competitiva del deporte; en México el tenis es un medio para el acceso a becas en alguna universidad de los Estados Unidos. El tercero, tal vez el más profundo, es la falta de acceso al deporte a los sectores medios bajos de la sociedad.
Actualmente México, cuenta con dos top 100 en la modalidad de dobles (Giuliana Olmos #55 WTA y Santiago González #47 ATP), .pero no cuenta con juniors de proyección ni con un gran número de jugadores profesionales.

Tal vez sea momento de que el tenis mexicano desarrolle una nueva identidad y tenga el lugar que merece.

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