Es cierto que al tenis, y a cualquier deporte, lo juegan seres humanos. Pero a veces hay una sobreestructuración que aburre. Y eso sucede, sobre todo, en el deporte blanco. Llegar a la cancha; dejar el bolso; sacar la raqueta; esperar el sorteo; pelotear; jugar; discutir un fallo y que sólo tengas tres minutos de trainer si te duele algo, entre otras cosas, alejan a este deporte del ser humano en sí. Porque el ser humano tiene sentimientos y reacciones. No funciona como un reloj. No es una máquina. Le pasan cosas.

Y eso es lo que sucedió con Nicolás Almagro antes de comenzar su partido frente a Federico Delbonis, a quien terminaría doblegando en tres sets.

Antes de comenzar el encuentro, el murciano dejó el raquetero en la silla, la cual linda con el sector de discapacitados de la Cancha Central Guillermo Vilas. Allí había un niño con Síndrome de Down dispuesto a alentarlo, y desde ese momento, el español dejó de ser jugador de tenis, y fue ser humano, en el mejor sentido de la palabra. “¿Sabés lo que pasa? Que por encima del deportista está la persona. Ví al niño ahí, me dijo ‘Vamos Nico’, entonces le dije ‘Vamos a jugar’ y se vino a jugar conmigo. Entonces me tocaba jugar primero con él. Fui yo el que se lo dije. Fue una experiencia bonita”, comentó.

Para ellos, los jugadores, el deporte/profesión siempre está primero. Es lo más importante. Y es lógico, porque es algo muy sacrificado, y muchos pueden vivir de ello. Otros, con el mismo sacrificio, aún ni siquiera lo logran.

Pero el español no sólo piensa en la pelotita amarilla, en su raqueta o en su encordado. “Creo que al final, todo lo que se pueda hacer para darle un poco de felicidad a esas personas y ponerle una sonrisa en sus rostros, es algo mágico. Esas cosas nos deben hacer sentir muy felices, porque tenemos ese poder de que ellos disfruten de ese momento. Y bueno, la verdad yo me sentí realizado. Creo que cuando el niño vino conmigo y pude jugar ese minuto o minuto y medio con él, el partido con Fede pasó a segundo plano. Lo más importante en ese momento era que él se fuese con una sonrisa, y acercarlo un poco más a este deporte que tanto nos dio a todos”, concluyó.

El español desata un poco la estructura. Pone en escena su forma de ser. “Yo soy muy casero. Me cuesta mucho salir de mi casa, de mi familia, de mi gente y mi entorno.” Quizás desde ahí, desde lo afectuoso que se demuestra, es de dónde uno puede explicar la naturalidad con la que le afloró el gesto a Nico. Porque ese también es otro punto muy importante: la espontaneidad del hecho.

Dentro de un mundo en donde todo es tan actuado (y el tenis no le escapa a ello), ver algo así, y que encima sea con tanta naturalidad, es una bocanada de aire fresco. Y el autor de esto, fue Almagro, quien hoy por la noche buscará las semifinales del Argentina Open (certamen que ganó en 2011) cuando enfrente al francés, y tercer favorito del torneo, Jo-Wilfried Tsonga, en un cotejo que promete.

(Foto: Hans Ruhle Fotografía)