Rafa sometió a Djokovic y conquistó su N°13 trofeo en París e igualó a Roger Federer en títulos de Grand Slam.


Hoy es un día histórico para el tenis. Y en estos últimos años, no deja de ser trillado decirlo. Con los tres monstruos de arriba peleando por ver quien rompe más rápido algún que otro récord, esta vez a Rafael Nadal le tocó quebrar una barrera que hasta hace un par de años, nos resignábamos a pensar que podría romperse.

Es que hay un Rey, un Monarca, un Díos, o cualquier otro sustantivo propio que sirva para agigantar y ponderar la figura del español en Roland Garros. Un Nadal que hizo desaparecer por largo tiempo a Novak Djokovic, al N°1 del mundo. Eso es Nadal en París. Un mutante que acaba de ganar su partido N°100 sobre 102 en la arcilla francesa. No hay estadística o debate que resista.

Ante un serbio mermado en lo físico, Rafa mantuvo una eficacia latente en su juego, cometiendo muy pocos errores no forzados y llevando a su rival al error a veces constante. Un resultado que se decoró sobre el final con la muy buena levantada de Djokovic en el tercer set, donde fue un poco más contundente. Un 6-0, 6-2 y 7-5 realmente soberbio.

Un Nadal que durante las dos semanas de competencia no perdió un set y demostró altura para sobreponerse a las inéditas condiciones climáticas del torneo, las cuales no le eran favorables en la previa, y callar las bocas de los que imaginaban un resultado distinto por pequeños detalles de las nuevas pelotas u alguna otra condición externa al juego.

Y volviendo a esa barrera hasta hoy inquebrantable que mencionábamos, hoy no es un buen día para los federistas, esos que desde 2003 vienen contando victorias del suizo como propias. Los 20 Grand Slams que ostentan Roger, también son propiedad de Nadal ahora. Sin temor a exagerar, hoy es una jornada histórica en el deporte, y esperando por ver quien se rebaza uno a otro, o si aparece el tercero en discordia, el mismo Nole.

Por lo pronto, no hay nadie más grande que Rafael Nadal en Roland Garros.

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