Se cumplen 12 años de la consagración de Nalbandian. El recuerdo cada vez que se asoma Shanghai, sigue tan latente como siempre.


Era un 20 de Noviembre de 2005, cuando a las 5 de la mañana en Argentina [recuerdo haber despertado esa mañana con la alarma, pero era tal el cansancio que tenía, que no sabía si podría resistir a un partido a 5 sets, ya que de antemano presentía que iban a jugarse] empezó lo que se podría catalogar como “la hazaña de David”.

Para ponerlos en escenario, se disputaba la final de la Copa de Maestros entre el argentino David Nalbandian y Roger Federer. El estadio Qi Zhong era pura adrenalina: Una caldera. Se apreciaba un ambiente que quería un cierre de año a toda orquesta. Y vaya que los protagonistas cumplieron y hasta “saciaron” al público con las expectativas.

Lo que ambos hicieron ese día en la cancha fue una locura; sin exagerar, podríamos estar hasta hoy aplaudiendo. Por Federer, porque nunca se rindió. A pesar de no haber llegado en óptimas condiciones como a él le gusta asistir a un torneo importante, demostró que tiene pasta de campeón y estuvo a nada de coronarse; específicamente a dos puntos (7-6 7-6 1-6 2-6 6-5 30/0).

Del lado de David, el apostar por jugar el torneo sin preparación previa, sumado a un debut que lo vio venir desde abajo en la ronda de grupos y en la definición, remontando dos sets en contra; Incluso, cuando parecía que el 5to set se lo llevaba sin perder games (4-0) apareció Roger; nunca den por muerto a un campeón.

No solo lo el suizo lo empató, sino que sacó para partido. Pero ahí quedó demostrada la tenacidad y el temple del unquillense para superar cualquier adversidad (incluso una discusión con el juez en el 5-6 del 5to) y su “facilidad” para jugar al tenis de la que siempre se habló y así lograr lo impensado: derrotar a Federer que venía de ganar 24 finales seguidas. Una madrugada histórica para el tenis argentino.

Cuando Federer gana el segundo en un tiebreak “para el infarto” me dormí pensando que la final ya tenía dueño. Pero era tal el espectáculo que se estaba viviendo que no pude dormir. Ameritaba presenciarlo. Casi al filo de 35 o 40 minutos, cuando me levanto, prendo la tele, quedé anonadado con el marcador; el cordobés se había puesto en cuestión de minutos 6-2 6-1 4-0.

Y lo que se vivió a partir de ahí, con Federer de brazos cruzados y sin explicaciones, fue ver uno de los partidos más emocionantes, vibrantes y electrizantes que me haya tocado mirar. Impresionante. Tanto es el amor que siento por el tenis, que esperé la repetición de la noche para ver esa “topadora” que fue Nalbandian en el tiempo que no resistí.

Fotografía (El Gráfico y Sports Mole)
Por Facundo Rodríguez 
Facebook Facuu Rodríguez Vázquez
Instagram frv.1