Rafa esperó mucho tiempo a la sombra del más grande de todos los tiempos para poder sentirse número uno luego de vencerlo en esa épica cita en la catedral en 2008.


A mediados de 2010 volvió a tocar la cima y se mantuvo ahí por un año.

Para muchos, esa sería su despedida en cumbre.

Pero luego de seguir batallando con varias lesiones y sus problemas en las rodillas, en 2013 volvió a soprender a todos y, aplastando rivales, trepó otra vez hasta el máximo peldaño del ATP.

Otra vez las lesiones y su físico al borde del abismo. En junio de 2014, Rafa emprendería el camino más claro hacia sus sombras llegando a estar, un año después, en la posición número 10 del ranking.

La mayoría de los pronósticos de los especialistas eran contundentes. Rafa ya estaba lo suficientemente grande como para volver a ser quién había sido. La vertiente de sus logros había comenzado.

Pero hubo una persona que en sus más profundas pesadillas nunca le soltó la mano. Que aposto a la fórmula que lo había llevado a ser el Matador. La humildad, el respeto y el trabajo.

Rafael Nadal sabía que era lo que tenía que hacer cuando las cosas no funcionaban: Entrenar más. Sin ir más allá. Tomar lo positivo, agachar la cabeza y seguir entrenando, más y más.

Hoy, tras obtener su Grand Slam número 16 y ser el indiscutido número uno del mundo en 2017, muchos aplaudimos y nos volvemos a maravillar.

Cuando todo va mal, muchos buscan excusas, culpables, enemigos y demonios.

Otros, muy pocos, se sienten responsables, se levantan a la madrugada y se van a entrenar.

El 2017 de Nadal
Final de Australia (Grand Slam)
Final de Acapulco (ATP 500)
Final de Miami (Master 1000)
Campeon en Montecarlo (Master 1000)
Campeón en Barcelona (ATP 500)
Campeón en Madrid (Master 1000)
Campeón en Roland Garros (Grand Slam)
Campeón en el US Open (Grand Slam)