Axel Geller, la historia de un jugador que llegó a la cima del tenis juvenil y planea patear el tablero del tenis argentino.


Axel recibe el premio al mejor juvenil del año 2017, en la coqueta fiesta donde la Federación Internacional de Tenis, condecora a los campeones mundiales. Pero hay mucho más en la vida de este chico de casi dos metros; hay lo que los médicos llamarían “sobredosis de inteligencia”.

Tuve la suerte de ser parte de sus inicios en el tenis. Aún lo tengo grabado en mi cabeza, de chaleco y raqueta de aluminio. Raqueta que poco a poco se fue deformando por los golpes que le daba contra el frontón del Club Mayling. En una de tantas, el Dr. Javier Maquirriain (Médico de la AAT), pasó por al lado de la cancha y me dijo: “lo vas a matar”; a lo que yo le respondí: “Javi este pibe es bueno, tiene la piel de un rinoceronte”.

Pero dejando de lado los recuerdos, Axel siempre entendió como ser el mejor en algo. Y lo interpreta tan eficientemente que su vida está delimitada por una vara que para otros es un juego de play station de lo inalcanzable que parece. Cuando nadaba era bueno, como estudiante excelente y como jugador….el número uno del mundo.

Mucho de su mérito, radica en sus padres Guido y Verónica, que a fuerza de mano dura, e ideas claras, fueron forjando su disciplina. Cuando Guido, se enojaba, Verónica aflojaba, y después de algún que otro reto; Verónica se acercaba a Axel con algunas galletas de avena que terminaba compartiendo conmigo de forma obligada para ahogar las penas o alguna que otra derrota.

El mejor de su clase del Colegio San Andrés, decide aplicar en la Universidad de Stanford. Dejando con la boca abierta al mundo del tenis. Si, el mejor juvenil del mundo, se va a la Universidad. Lo que no sabe el mundo es que ese siempre había sido su objetivo. Para Argentina, una espina en los zapatos. Pero el puede con todo, el que lo conoce, lo sabe.

Cualidades técnicas tiene de sobra, potencia, un saque que debe estar dentro de los tres mejores del país, un gran revés, mente de campeón, si señores, mente de campeón. Puede que su nombre se escriba en el tenis grande, o no. Pero no me cabe la menor duda, que con su inteligencia, este chico puede cambiar el mundo.