El silencio es mucho más dañino que cualquier otro ruido. Es silencio de ausencia, de falta de juego, de bajas luces. Sólo había visto a este ENORME competidor tan vulnerable cuando hablaba de la masacre de Dunblane.

Está solo frente a las cámaras. Solo piensa en no llorar pero es imposible. Su gorra, compañera en tantas interminables batallas, oficia una vez más de aliada. No quiere que le vean la cara. La conferencia se interrumpe porque no puede hablar. El llanto se apodera de la escena una vez más. Para los que amamos el tenis, para los que alguna vez competimos, se torna insoportable. Nadie puede ver a Andy así, ni siquiera Del Potro lo soporta.

El sufrimiento que tiene en su interior pide salir y ser compartido. Tal vez sea uno de los pasos más sanadores. Sea cuál sea el devenir. Andy te queremos ver bien. Pase lo que pase.

“No me estoy sintiendo bien. Siento mucho dolor. Son 20 meses ya. He hecho TODO lo posible. Solo queriendo sentirme mejor. Pero sigo teniendo mucho dolor. Es muy duro. No quiero seguir jugando así porque no es como quisiera o podría jugar. Hice todo lo que pude, dejé todo pero no funciona. En diciembre hablé con mi equipo y les dije que que no podría seguir así, que necesitaba tener un punto final. Decidimos que fuera Wimbledon el lugar para dejar de jugar. Pero estoy triste porque ni siquiera estoy en condiciones de llegar a Wimbledon. Existe la chance de que este (Australia) sea el último torneo de mi vida. Ya que no estoy seguro de poder aguantar el dolor durante 3 o 4 meses más”.

Dolor, lágrimas, dolor. Andy solo quiere poder jugar. Y nosotros también. Sacar esos sentimientos puede ser el primer paso de algo mucho mejor. Tenga la forma que tenga.

¡Come Onnnnnnn!