La revista “Tennis Magazine” nominó a Guillermo Vilas y Gabriela Sabatini como dos de los cincuenta mejores jugadores de la historia del tenis


Cuando internet era un proyecto de ciencia ficción y las asociaciones de jugadores recién comenzaban a organizarse, los rankings eran creaciones de las revistas especializadas. Para ese entonces “Tennis World” premiaba al mejor jugador de la temporada con su portada.
Después de esos tiempos de poesía tenística, vinieron los fríos números, las defensas de puntos, y la era digital. Las publicaciones en papel fueron muriendo poco a poco. Y los registros, ya no dependían de una portada, sino de un frío número de computadora.

Sin embargo, la “Tennis Magazine” (publicación líder en el rubro), pudo sortear con picardía los avatares modernos y seguir siendo la revista de tenis más leída del mundo, y en su edición de junio, se aminó a hacer algo que a los americanos les encanta, crear listas de mejores y peores. En este caso, nominar a los 50 más grandes jugadores de tenis de era abierta.
Y más allá de que a veces toda lista peca de imperfecta, y que los listados los encabeza casi sin suspenso Roger Federer y Serena Williams, hay sorpresas y debilidades obvias.
Es ese selecto lote de jugadores, un tal Guillermo Vilas, con cuatro títulos de Grand Slam y 62 títulos en total, se ubica en la posición número 16º. Si señores, nuestro Vilas, el cuarto Beatle del tenis. “El joven toro de las Pampas”, así lo llamaron. Resaltando su afición al trabajo, su increíble brazo izquierdo, y su imponderable récord de 145 partidos, ganados en 1977. La computadora del ATP, no lo reconoció como número uno, pero que importa cuando sos un Beatle.
Para la persona que se ubica 20º, en el listado femenino, no tengo objetividad alguna. Me puede. Con 27 títulos, y un Grand Slam. “Gaby”, simplemente Gaby, está ahí, en la historia. Nadie que vio a Sabatini jugar, fué la misma al día siguiente. Le toco bailar, en un momento del tenis femenino, donde eran todas buenas. Ella generaba, lo que nadie pudo generar nunca más. Podía crear en un partido, la obra de arte más perfecta, o desgarrarte el corazón con alguna derrota impensada. Pero pasaran muchos años, hasta que alguien pueda transpirar la fragancia de Gaby.
Ellos escribieron los libros sagrados del tenis, atletas que fueron ejemplos, de deportividad y conducta fuera de la cancha. No hay nada más que decir. Porque a los grandes lo único que se les dice es: Gracias.