Nadia culminó el mejor torneo de su carrera tras caer en semifinales de París.


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Por más que nos esforcemos, no podemos encontrar algo negativo en la derrota de Nadia Podoroska en semifinales de Roland Garros. Seguramente, la misma protagonista se lamentará la oportunidad perdida, pero cuando se apacigüe el fuego de la bronca, verá un panorama alentador que valdrá mucho más que su eliminación en París, por supuesto.

La clara victoria de la polaca Iga Swiatek, revelación del torneo y de un paso poco recordado en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 (medalla de Oro en dobles), por 6-2 y 6-1 muestra el final de un camino sinuoso de tierra y piedras para la Peque, pero el comienzo de uno mucho más allanado y sin los obstáculos que supo sobrellevar en toda su carrera. Porque es sinérgico, es contagioso.

La actuación de Podoroska es un imán. Un imán para las millones de chicas argentinas que entrando a la pubertad de sus vidas, suelen tener que elegir entre el tenis, el hockey o el voley (agregamos el fútbol en estos tiempos modernos y sin menospreciar otros deportes) como actividad central de su esparcimiento y, quizás, una futura profesión.

Desplazado como consecuencia de la carencia de referentes fuertes en lo mediático desde el retiro de Gabriela Sabatini y la aparición de otros baluartes nacionales como Las Leonas, el Roland Garros de Nadia viene a fortalecer ese contagio tenístico que esperamos, sea el puntapié inicial para diversos proyectos en la región, como la creación de un WTA en la Argentina rodeado de otros tantos torneos menores femeninos, la continuidad del seguimiento de nuevos valores jóvenes, el fortalecimiento de los pilares actuales (Lourdes Carlé, Guillermina Naya y Solana Sierra, entre otras) y preponderar la vigencia de otros como Paula Ormaechea y Victoria Bosio; y la fomentación de una nueva ídola como en su momento pasó con Juan Martín del Potro para que sea la imagen de una nueva generación.

También tiene que ser una atracción para los patrocinadores y sponsors, esa pata económica fundamental con la cual ningún deportista puede sobrevivir y cuya ayuda ha estado muy limitada para nuestras tenistas.

Esta vez, Nadia no pudo hacer diferencias contra una rival cuyo poderío, determinación y dominación en la cancha se mixturó con varios errores de una Peque siempre luchadora.

El sabor amargo es lógico, pero se dio todo. Podoroska lo dio todo en el mejor torneo de su vida. Desde la qualy hasta las semifinales, siendo la primera jugadora en concretar dicho camino en la historia del certamen y emulando lo hecho por leyendas como Gaby y Paola Suarez. No le encontramos nada negativo a la actuación de la Peque en París. Solamente, nos sale decir gracias.