Shingo Kunieda y Gustavo Fernandez Foto: US Open 2014
Shingo Kunieda y Gustavo Fernandez
Foto: US Open 2014

Hace poco más de 20 años, nacía en Rio Tercero (Córdoba, Argentina) Gustavo Fernandez.
Al año y medio de su nacimiento, sufrió un infarto medular que lo dejaría paralítico de la cintura para abajo.
Hijo del “Lobito Fernandez”, basquetbolista que se desempeñó en la liga nacional, y hermano de Juan Manuel Fernandez, actual base de la selección Argentina de Basquet, Gusti transformó ese obstáculo en una motivación y en una causa más para seguir soñando.
A los seis años comenzó a jugar al tenis en silla de ruedas y, a los 12, se anotó en la Asociación Argentina de Tenis para comenzar con su carrera.
Gustavo Fernandez es tan talentoso como trabajador y fue así como, preparándose en el cemento del club Asturiano bajo la tutela de Fernando San Martín, empezó a materializar una carrera llena de éxitos.
Fue número uno del mundo Junior y hoy es el cuatro del mundo en mayores.
Este año en el Abierto de Australia, alcanzó su primera final de Grand Slam y cayó frente a Shingo Kunieda, número uno del mundo, por 6-0 y 6-1.
Ayer, en la final del US Open 2014, su rival fue el mismo, pero Gusti ya era otro. Planteó el partido desde otro lado y luchó como un verdadero León.
El partido quedó en manos del japonés por 7-6(0) y 6-4 pero fue bien distinto a la final de Australia.
Gusti se plantó de igual a igual, salvó siete match points y luchó con alma, vida y corazón.
Shingo Kunieda, de 30 años, con el título de ayer lleva ganados 17 Grand Slams, si así, igual que Roger Federer, y es una leyenda del tenis adaptado.
Gusti, el joven aspirante de tan solo 20, dejó en el camino en semifinales a Stephane Houdet, número dos del mundo y campeón del US Open 2013, y luchó como un gladiador en la definición.
El león cordobés está en tierra de gigantes, ya disputó dos finales de Grand Slam y  sigue aprendiendo y mejorando.
Su futuro es promisorio y parece decidido a seguir escribiendo historia.
Con la misma premisa y las mismas ganas.
Esas ganas de sobreponerse a la adversidad, esas ganas de luchar contra los obstáculos, esas ganas de seguir
soñando y contagiándonos a todos.
A veces nos convencemos de que no somos capaces de hacer determinadas cosas, de que ya es demasiado tarde, o de que ya no vale la pena.
Es nuestra cabeza, son nuestros miedos los que nos convencen de que no podemos.
Adentro de cada uno de nosotros hay un Gusti Fernandez, vale la pena buscarlo, porque tal vez nos iluminemos y lo encontremos.

Fuente: Wilkipedia