Abandonos, stress, lesiones, presiones mediáticas y un circuito que no crece por culpa de sus protagonistas.


Los tiempos en donde las cuatro mejores jugadoras del mundo eran actrices principales del circuito murieron con el reinado de Serena Williams. Cuando la menor de las hermanas llegó al número uno del mundo,  inauguró un nuevo sistema de liderazgo del tenis. La número uno off shore.

Y a pesar de que Ashleigh Barty actualmente es la número uno indiscutida, su pobre presencia en torneos (solamente jugó 16 torneos en 2021), la convierte en una líder ausente. En esta temporada la australiana se despidió de las competencias oficiales en el mes de septiembre. No hay problema Ash, tomate tu tiempo.

En momentos de donde el circuito de varones empieza a decaer, la WTA solamente es noticia por el caso de Peng Shuai. Las nuevas protagonistas del circuito parecen no tener la responsabilidad de llevar adelante el tour como décadas atrás lo hicieron Mónica Seles, Steffi Graf, Gabriela Sabatini y Martina Navratilova entre otras.

Esto se agrava a las continuas desilusiones que provocaron los últimos años las campeonas de los torneos grandes como Sofia Kenin, Iga Swiatek, Emma Raducanu, Bianca Andreescu y Jelena Ostapenko, que luego de ganar, no pudieron consolidarse en el circuito de manera regular.

También es cierto que otras jugadoras entendieron las reglas del juego y fueron las que más provecho le sacaron a esta temporada accidentada. Los casos de Paula Badosa, Garbiñe Muguruza, Barbara Krejcikova y Ons Jabeur son muestra de esto, ya que todas ellas han jugado más de veinticinco torneos este año.

Desde el momento que Justine Henin dejó la cima del ranking y Serena Williams se dedicó a pescar Grand Slams, el tenis femenino no tiene rumbo. Pero esta vez, tiene grandes y atractivas jugadoras para poder explotar la ausencia de Roger Federer y Rafael Nadal. ¿Podrán hacerlo?

Depende de ustedes muchachas.