Ganarle a la historia sin morir en el intento


En enero del 2017, Serena Williams ganaba su último torneo de Grand Slam. Y tres años más tarde conseguiría, su último título en Auckland. Pero desde su conquista en el Abierto de Australia del 2017, Serena alcanzó cuatro finales de Grand Slam, dos en Wimbledon (2018-2019) y dos en el Abierto de los Estados Unidos (2018-2019). La particularidad de esas finales es que en ninguna de ellas pudo ganar un set.

Con 23 títulos grandes, la hermana menor de las Williams parece seguir buscando el título que la pondría en igualdad con Margaret Court. Pero la misión parece no ser sencilla. En el polvo de ladrillo parisino, su tenis es mucho más vulnerable. Y a pesar de tener tres Roland Garros ganados, es donde más rivales de temer tiene.

Su última gran actuación fue en el 2016, cuando perdió la final con Garbiñe Muguruza. En sus posteriores presentaciones nunca pudo superar los octavos de final. El crecimiento de jugadoras como Simona Halep, Ashleigh Barty o la misma Garbiñe Muguruza la han puesto en un segundo plano.

Pero nadie puede dar por muerta a una campeona como Serena, que sabe que en algún momento tendrá una oportunidad de redimirse de las últimas finales perdidas. El plan de Serena es un poco el que Roger Federer ha implementado es las últimas temporadas: jugar lo mínimo y necesario, buscando su pico de rendimiento en los torneos de Grand Slam. Pero parece que tanto para Serena como para Federer no estaría dando resultado.

Su último título en un torneo en polvo de ladrillo, fue hace un lustro, en Roma 2016. Cada año que pasa, la misión de Serena parece más complicada. Pero su espíritu de campeona sigue en pie, y su hambre de lograrlo también.