La libertad es algo que no tiene precio. Muchas veces en la vida, uno resigna libertades en pos de otros beneficios o de preservar un bien más preciado como es la salud. Y si bien el tenis es uno de los deportes que implican grandes sacrificios (personales, económicos, familiares), naturalizar la burbuja sanitaria de Nueva York esconde un grave peligro para nuestra Elite del Tenis.


La suspensión preventiva de Guido Pella y Hugo Dellien debido al positivo de su preparador físico, el Titán Juan Manuel Galván interrumpió la frágil tregua entre tenistas y organización de esta polémica edición del US Open 2020.

El malestar comenzó en plena pandemia, en el recordado Zoom entre jugadores de la ATP y representantes de la USTA donde se les comunicó a los jugadores que disputar el US Open era algo no-negociable: Por obligación contractual, el torneo se hacía sí o sí. Lo que estaban sobre la mesa de negociación eran las condiciones.

Una ATP dormida, diluida entre egos personales, falta de unidad y confusión perdió la oportunidad del siglo de emular lo que en 1972 lograron sus antecesores: unirse ante la adversidad y trabajar en conjunto para defender sus derechos. Así ocurrió 48 años atrás en el recordado boycott de Wimbledon que cementó el poder de la ATP como sindicato de tenistas profesionales. En esa ocasión, los jugadores salieron fortalecidos de ese Grand Slam. Todo indica que de este, saldrán genuflexos.

Volviendo a la crónica de los hechos: Corrieron los días, y el foco de la discusión se corrió hacia acompañantes y comitiva sí, o acompañantes y comitiva no -entre otros detalles- logrando los jugadores pasar de 1 a 3 invitados por jugador para disputar el torneo. Francamente, en la negociación, estaba claro que las condiciones las imponía la USTA, y los jugadores acataban más allá de algunos pataleos estériles. No había unidad. Estaban a merced del gigante norteamericano.

Por si hicieran falta más pruebas para demostrar la total sumisión de los jugadores profesionales, solo hace falta nombrar el bochornoso documento que debieron firmar al arribar a Nueva York: “Cada jugador asume de forma voluntaria total responsabilidad por cualquier riesgo, incluyendo la muerte”. El documento, además, aclara que la responsabilidad pasa a los jugadores incluyendo lo que ocurra con “su presencia en las instalaciones, por una negligencia del National Tennis Center o por cualquier otro motivo”. Dicho de la forma más sencilla posible: La USTA se lava las manos. Ante cualquier problema, el tenista no solo paga con su salud, sino que resigna cualquier posibilidad de reclamo. Y es el único responsable.

Tras un comunicado donde se anuncia un positivo dentro de la burbuja de Nueva York entre los 1.400 testeos realizados, con el correr de los días nos enteramos que se trataba de Juan Manuel Galván, preparador físico de Guido Pella y Hugo Dellien.

Según el protocolo, y debido a la proximidad y cercanía entre ambos jugadores (y entrenadores) con el preparador físico, las autoridades del evento decidieron suspender a Pella y Dellien bajándolos unilateralmente del torneo de Cincinnati (disputado dentro de la burbuja). Si bien la salud es lo primero y primordial, si se analiza la letra chica, nos encontramos ante otro abuso de poder en detrimento de las libertades de los jugadores: El documento de 14 páginas que debieron firmar los jugadores establece que para poder accionar de esta manera por parte de las autoridades, los jugadores debían compartir habitación -algo que no ocurrió-, o haber dado positivo en los controles -algo que tampoco ocurrió-. Ante la duda, ¿quién tiene la decisión final? La USTA claramente.

Que quede nuevamente claro: no se pone en juicio la decisión preventiva que prioriza la salud de todos los jugadores ante la más mínima sospecha de contagio. Lo que se está remarcando es quién tiene la última palabra en el asunto.

En apenas dos días desde el anuncio de la noticia, los jugadores amenazaron con una tibia huelga. Novak Djokovic en su rol de presidente del Consejo de Jugadores de la ATP defendió a sus colegas argumentando que le parecía injusto que habiendo dado negativo en los controles, la USTA les imponga una cuarentena obligatoria de 14 días a Pella y Dellien. La junta de firmas, por ahora, quedó en la nada.

Hoy, los jugadores no son dueños de su destino. Eso quedó más que evidente en estos meses. Si bien aún nos encontramos ante una pandemia (con todo lo que ello implica), no es menor remarcar que el destino de los jugadores está en manos de autoridades cuya preocupación evidentemente no son los jugadores.

El malestar general está a la vista, aunque lamentablemente, no a la de los players que sufren de miopía o “tunnel vision” (no poder ver bien por estar demasiado cerca del problema). Nadie niega que la salud es lo primero,pero tampoco se puede negar que gane quien gane este US Open, el gran perdedor fue el jugador de tenis, que decidió por voluntad propia -y por falta de viveza- aceptar servil las condiciones de un gigante que los mandó a casa en bicicleta, o más bien en triciclo sin jugarse siquiera una pelota.