El excéntrico francés Benoit Paire dejó en claro en una entrevista reciente que ser campeón en un torneo de Grand Slam “nunca fue una motivación” para él y que busca divertirse en la cancha. Además, confesó que en el circuito hay mucha “hipocresía” y que es y será una persona extremadamente feliz, entre otras cosas.

“El tenis siempre ha sido un juego para mí. Simplemente pasó… que se convirtió en mi carrera. Si practico tenis es porque, en primer lugar, quiero pasármelo bien en la pista, y para que la gente que viene a verme disfrute conmigo. Mi estilo es ideal para esto. Intentar hacer golpes imposibles y ver la reacción del público es algo que me motiva. Sí, está claro que cuando la cagas completamente quedas como un tonto, pero cuando funciona es increíble. En los entrenos intento todo tipo de golpes, es algo que hago desde que era un niño. Siempre intuí que esto sería una habilidad especial“, fueron las palabras del jugador de 31 años en un articulo de la revista Racquet.

En la misma línea, explicó cómo fue su proceso de maduración con el paso de los años: “No todo el mundo me creerá, pero ahora mismo soy mucho más tranquilo en pista que antes. La liaba con mucha frecuencia. Antes era aún más tonto. A veces mis padres me tenían que sacar de la pista en mitad de un partido por mi comportamiento. Una vez rompí todas mis raquetas y mi rival tuvo que dejarme una. Tenía colapsos sin razón alguna. Un año, en Grasse, no quería jugar el torneo. Mi entrenador trató de obligarme y rompí todas las raquetas para evitarlo. He hecho muchas cosas estúpidas, incluso me echaron del National Training Center en Francia”.

Abierto como pocas veces, continuó en esa sintonía y se sinceró aún más sobre cómo vive su vida: “Siempre me etiquetaron como un chico con talento, pero un idiota. A veces la gente me dice que tengo lo necesario para ser top10… pero me faltan muchas cosas para serlo: tomarme en serio los entrenamientos, prepararme físicamente… son sacrificios que no puedo hacer. Quizás mi tenis esté a ese nivel, pero los jugadores del top10 tienen la fuerza de voluntad necesaria. Lo tienen todo. Yo no. Ganar un Grand Slam nunca ha sido mi motivación. Prefiero ser top30 y disfrutar de la vida. Jugar al golf, beber spritzes cuando quiera.

Todo el mundo me dice que tengo tiempo para relajarme cuando me retiro, que debería comprometerme al 100% con el tenis. Todos los que están adoctrinados a pensar así nunca llegan a relajarse. La mayoría se mantiene en el circuito, nunca veo que nadie se vaya del todo. Esa es su vida: tenis, tenis, tenis. Hay un vacío cuando dejan de jugar. Sin embargo, el día que yo deje de jugar al tenis, aún tendré mis spritzes, mis noches, mi golf. Tendré una vida maravillosa, una que muchos quisieran tener. Gano dinero, disfruto, viajo y soy el tipo más feliz del mundo. Tengo muchísima suerte: no sacrificaría nada más para ser número uno del mundo. En 2019 me fui a Mykonos, a Ibiza, compartí los mejores momentos de mi vida con mis amigos… y eso es algo que no podré hacer cuando tenga 40 años”.

En relación a lo que había contado segundos antes, opinó sobre Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic: “No tengo envidia de ellos. Los respeto enormemente y creo que lo que hacen es increíble. Pero cuando veo a Rafa ganar Roland Garros y dos días después ya entrena en Queen’s para jugar la gira de hierba… es un mundo diferente. Si yo ganase Roland Garros no sé ni tan siquiera si jugaría Wimbledon. Es más, ¡creo que acabaría ahí mi temporada! Son grandes campeones. Sin ellos, el tenis no estaría donde está hoy día. Les admiro muchísimo, pero nunca seré como ellos. Y eso no hace que deje de considerarme un campeón. He sido #18 del mundo, he estado en el top-100 durante diez años y tengo tres títulos ATP. Esa es una carrera perfecta”.

Por último manifestó su pensamiento sobre el circuito en general: “El tenis se ha vuelto más blando. La ATP es cada vez más estricta, optando directamente por multas y suspensiones. No soy partidario de esto, aunque sí deben de ponerse ciertos límites. A veces veo que no podemos expresarnos en la pista. Yo ya juego siempre la ‘carta de la transparencia’: muestro todo lo que hago. Si me voy de vacaciones, ¿por qué no puedo beber spritzes como cualquier otra persona haría? Y creedme, no soy la única persona que sale: simplemente algunos jugadores quieren mantener esa faceta seria. ¡Luego es a ellos a los que me encuentro de fiesta!

Hay muchísima hipocresía en este deporte. Por ejemplo, en las entrevistas postpartido: los jugadores nunca te dirán lo que piensan. Si piensas que tu oponente ha jugado a un nivel pésimo, ¿por qué no decirlo? Es simplemente una observación. En Monte-Carlo 2017, me enfrenté a Tommy Haas. Me ganó 6-2, 6-3. En mitad del partido dije que él era malísimo. Se viralizó por redes sociales. Tommy es un jugador a quien respeto muchísimo, que admiré, con mucho talento. Ese día, sin embargo, no me ganó porque jugase bien: me ganó porque yo la cagué. Si le preguntas a Casper Ruud qué pensaba después de ganarme 6-1, 6-1 en Madrid 2019, ¡no te va a decir que soy muy bueno! Jugué como un niño ese día. A veces me encantaría un poco más de honestidad“, concluyó.

Información: Punto de Break