La noche de anoche en el Buenos Aires Lawn Tennis Club es esquiva a cualquier tipo de análisis tenistico. Dejando de lado el resultado meramente anecdótico, Juan Martín Del Potro tuvo quizás, su noche más emotiva como jugador profesional. Y vaya si las ha tenido.

 

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Con una emoción desbordante desde comienzo a fin del último turno de la jornada nocturna del martes, el tandilense se regalo y le regaló al público, la que podría ser su última función en el circuito, a los 33 años. Se habla en potencial ya que, Delpo aún tiene apalabrada su presencia en el ATP 500 de Río, la próxima semana. Sin embargo, el escenario que se montó ayer en el Court Central Guillermo Vilas estuvo repleto de suspicacias, sin sabores y por supuesto, de la sensación agridulce por ver a Juan Martín “despidiéndose” del público argentino en casa.

Con su derecha de inconfundible sonido impactando de lleno en el corazón de sus fanáticos y las ovaciones que estuvieron de a montones, Del Potro buscará a partir de este momento darle algo de tranquilidad física a su cuerpo, ya no para regresar al tour lo más entero posible, sino que lo hará para que su visa pueda transcurrir sin dolor.

Por lo pronto, el retiro del campeón de la Copa Davis 2016 y el US Open 2009 todavía es una incógnita que ni el mismísimo Del Potro se animó a confirmar. Tal vez porque todavía, hay que creer en los milagros.